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José María Andrés Sierra

Terrorismo: "ETA" y el "PP" o el "PP" y "ETA":

Terrorismo: "ETA"  y  el  "PP"  o  el  "PP"  y  "ETA":

No deja de ser triste que una persona que ha asesinado a más de veinte personas sea loado y vitoreado en el viaje de regreso a su tierra y sea recibido en ésta como un verdadero héroe y “quasimártir”. Es lamentable y deplorable que cientos de personas aclamen con vítores y gritos de entusiasmo a alguien cuya heroicidad ha consistido en quitar la vida a un buen número de personas, a ninguna de las cuales conocían, casi con total seguridad,  todos aquellos y aquellas que vitoreaban al asesino desconociendo, por tanto, las razones, culpas o defectos, en caso de haberlos tenido, que les había acarreado tan extrema condena. E igual que desconocían los motivos que los sentenciaron, ignoraban las virtudes, capacidades y aptitudes que, sin duda, acompañaban a las víctimas.

¿Qué celebraban todos aquellos y aquellas que con banderas (¡¡malditas sean todas las banderas!!), carreras, gritos e incontenible devoción recibían a un asesino convicto que volvía a su tierra tras haber cumplido años de condena y arriesgar su vida con una salvaje huelga de hambre? ¿Qué celebraban? ¿Festejaban la vida o la muerte? ¿Qué era lo que realmente vitoreaban, la vida o la muerte? Ciertamente eran una gran minoría pero, aún así, ofendían al pudor y al sentido común.

Ninguno de los que se acercaban con verdadero frenesí a la ambulancia que devolvía al asesino a su tierra conocía, casi con total seguridad, a una sola de las víctimas del convicto criminal al que iban dirigidos todos aquellos gritos y que era el causante de  un paroxismo y una pasión inigualables. Ninguno de ellos conocía ni la personalidad de los asesinados, ni sus familias, ni sus ideas políticas y no políticas, religiosas y no religiosas, ni sus sentimientos, ni sus creencias y sus deseos y, sin embargo, para todos aquellos que se acercaban a la ambulancia del asesino estaban bien ajusticiados simplemente porque lo había hecho aquel criminal a quien idolatraban.

Sin duda, más de uno y una de cuantos vitoreaban el paso de la ambulancia de quien quitó la vida, bien supremo, a unos cuantos seres humanos y cuya elección de sus víctimas fue, muy posiblemente, absolutamente aleatoria o casual, muchos o quizá todos ellos y ellas se sentirán de izquierdas, luchadores de la libertad y, por supuesto, en posesión de la verdad.

Mal futuro le espera a un pueblo que pone peanas a un personaje como éste, a un criminal convicto y no arrepentido.

Triste es que se venere a un personaje como éste, pero no menos triste y peligroso es que un determinado partido político haga una utilización perversa de unas medidas legales que la Justicia y el Gobierno de la Nación han tomado con este criminal con el único e inicuo fin de desgastar al gobierno legítimamente constituido y así conseguir  acceder al poder en una especie de “golpe de estado” encubierto.

Triste e indigno es que quienes actuaron de una determinada manera enarbolando la bandera de la legalidad y el bien común criminalicen esas mismas prácticas cuando las acometen sus rivales políticos.

Increíblemente y en contra de toda lógica y razón, los más altos cargos del Partido Popular (al que dada su reciente  y desmedida afición a manifestarse convendría ya llamarlo el Partido Pancartero), están usando como bandera y dardo arrojadizo el hecho de que un gobierno legítimamente elegido y constituido haya decidido tomar unas medidas indudablemente sujetas a derecho y amparadas por jueces y juristas e impulsadas por un loable sentimiento de magnanimidad y de aprecio a la vida de los que, indudablemente careció la persona beneficiada.

Paradójico resulta que quienes prodigaron esas medidas por docenas e incluso por cientos e indudablemente, sólo teniendo en cuenta el número, sin el rigor con el que se ha hecho en esta ocasión, se rasguen las vestiduras y ataquen de una manera tan hipócrita como miserable al gobierno y engañen de manera despreciable al pueblo y levanten peligrosamente a las masas en contra del poder legítimamente elegido con mentiras y artimañas que están “encabronando” y dividiendo al pueblo de una manera que muy bien podría derivar en una contienda civil. Irresponsables y malignas llamadas a la desobediencia y al levantamiento civil ya los ha habido por parte de algunos capitostes del partido popular y de algunos miembros de  grupos o instituciones afines a los conservadores como es el caso de la Iglesia.

Un partido que vituperaba e intentaba desacreditar al entonces Jefe de la Oposición, José Luís Rodríguez Zapatero, con el apelativo de pancartero por el hecho de haber ejercido en alguna ocasión su derecho a manifestarse en la calle, ha dado tal drástico cambio de rumbo en su estrategia política que ha acabado por hacer de la calle y de las manifestaciones callejeras su “pan nuestro de cada día”, manifestándose con una asiduidad inaudita con todos aquellos, llámense curas, obispos, ultraderechistas, fascistas o gente de cualquier ralea que quieran, como ellos, desgastar y ladrar contra el gobierno.

El “pepe”, verdadero Partido Pancartero, se ha olvidado de que la política se desarrolla en el seno de las instituciones y ha salido a la calle a intentar hacer política no con la fuerza de la razón, sino con la fuerza de los gritos y de las descalificaciones. Para colmo, en un alarde de falta de responsabilidad y de ética totalmente absolutas, quiere contaminar tanto el Congreso de los Diputados como el Senado con ese ambiente barriobajero que rezuman las convocatorias a las que se adhiere, organiza o le sirven en bandeja organizaciones afines por todos conocidas.

Lo peligroso, con todo, no es que existan personajes esperpénticos como Pujalte, tragicómicos como Pío García Escudero o sencillamente viles y despreciables (además de mentirosos) como Rajoy, Zaplana y Acebes, mendaz por excelencia, lo triste y peligroso es que haya cientos de miles de personas que crean sus mentiras y celebren sus poco éticas maneras de hacer política y oposición.

Para bien o para mal, el caso de De Juana Chaos puede cambiar la vida política de este país. O se impone la cordura o el peligro de un enfrentamiento no tardará en llegar a ser una seria posibilidad.

El terrorismo ha sido el eje central, el “leitmotiv”, el casi único y exclusivo asunto de la vida política y a la vez el ariete con el que el “pepe” ha intentado, no hacer oposición, sino desgastar, atacar, vilipendiar y denostar al gobierno de España. Y lo ha hecho, además, intentando adueñarse de todos los símbolos y enseñas que le han venido a mano: no sólo la bandera, el himno nacional, sino también canciones, himnos y gritos (quién no recuerda ¡el pueblo unido jamás será vencido!) de arraigada tradición de izquierdas.

Utilizar descarada y “sacrílegamente” las palabras de Unamuno en el sonado asunto del Archivo Histórico de Salamanca sólo fue el principio.

El “trío de la desvergüenza” no tiene empacho en hincar el diente a todo aquello que cree que puede beneficiar su delirante deseo de volver a gobernar.

Se han adueñado de símbolos y han pretendido ignominiosamente monopolizar el dolor de las víctimas del terrorismo sin importarles lo más mínimo ni las víctimas ni su dolor. Rectifico. Les importan algunas víctimas. Las que les sirven para sus propósitos.

Toda esta locura y este despropósito que se ha adueñado del Partido Pancartero; todo ese ruido que hace tiene además, otro fin que no es otro que intentar ocultar con el mismo ahínco como evidencia resulta para cualquiera que se entregue a pensar unos minutos: intentar evitar la atención de otro juicio que SÍ debería celebrarse y en el que tienen mucho que perder. ¿Cómo quedará  el mentor espiritual y verdadero “factotum” del “pepe”, el insigne Ánsar (¿recuerdan aquello de “¡Estamos trabajando en ello!”?  ¡¡Qué verbo!!, ¡¡Qué facilidad para los idiomas!!)  y alguno de sus ministros como Acebes, insigne falaz, si se demuestra, que sin duda acabará demostrándose, que el atentado del 11-M fue una consecuencia directa de la entrada de España en la guerra de Irak, capricho “quasi” exclusivo del señor del bigotito y la mirada torva y no se pusieron las medidas necesarias para evitar la masacre gracias a la ineficacia y a la ineptitud del ministro Acebes?

Alguno de los que ahora aplauden a las víctimas podían haberse ahorrado ese trabajo si no hubieran participado en aquel aplauso vergonzante que protagonizaron todos los diputados, entonces PrePancarteros , cuando se aprobó la participación de nuestro ejército en la guerra de Irak, acto, sin duda, el más vergonzoso, abominable, inmoral y lamentable de toda la historia de nuestro país.

Poner peanas a los criminales y palos a las ruedas del carro de la paz. Dos formas distintas, pero igualmente fascistas y execrables de obstaculizar el camino de la paz y de perturbar la pacífica y armoniosa convivencia de las gentes.

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