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José María Andrés Sierra

Mejor callado, señor Arenas.

          Para cualquiera que oiga cualquier declaración de cualquier persona del Partido Popular que ostente cualquier cargo público y sobre todo si es ministro o ministra, no pasará inadvertido el vehemente, intenso, rastrero e insufrible intento de adular a su jefe.

          En una de estas modélicas manifestaciones de servilismo, el Sr. Arenas reprochaba al Sr. Zapatero el que presidiera una manifestación, en concreto contra la LOU, diciendo, más o menos, que no conocía a ningún aspirante a presidente de gobierno que presidiera una manifestación reivindicativa. Y democrática, diría yo.

          Por lo que respecta a su jefe, ya lo sabíamos (ni siquiera a favor de la Constitución, faltaría más), pero gracias por venir de su parte. Al Sr. Aznar efectivamente, sólo se le ha visto en las manifestaciones en las que hay alguna víctima del terrorismo por delante, lo que me ha llevado a la conclusión (con todo mi respeto y pesar por las víctimas del terrorismo) de que el talante reivindicativo y democrático del Sr. Aznar es similar al catolicismo de los católicos que sólo van a los entierros.

(¿Podía imaginar el señor Arenas cuando decía esto las veces que iban a encabezar manifestaciones los líderes del PP como su actual jefe, el señor Rajoy?)

Cascos y las primeras piedras.

(Esta carta fue escrita hace ya un buen tiempo, siendo Álvarez Cascos ministro del gobierno de Aznar. He encontrado el original que envié pero no recuero en que fecha fue publicada)   

Hoy he visto la luz, y para un descreído como yo no es fácil. Veces y veces viniendo nuestro ínclito Ministro de Fomento, el ilustre Álvarez Cascos a poner primeras piedras a donde haga falta en nuestro Aragón (desdoblamiento de la carretera de Castellón -por cierto ¿cuánto hace ya ?- , el Ave -je, je - ¡perdón! Aquí no son piedras -, la autovía de Sagunto a Francia , sobre todo pasando por Teruel - ¿cuantas piedras ha puesto ya?- ..., -"y lo que te he rondao y te rondaré morena") y yo pensando que era simplemente para salir en la foto, para ganar votos, para mejorar su imagen (¿será posible?), para engañar al personal más maleable, para demostrar quién manda y que el que manda, cuando puede, hace lo que le da la gana, para reírse de alguno que otro, para vergüenza de los bienintencionados y para tocarnos los pelendengues a "los otros".

¡Desgraciado de mi!. ¡Infelice!. Hoy me he dado cuenta de que lo que pretende el Señor Ministro es acabar él solito a base de primeras piedras (luego vendrán ineludiblemente las segundas) todas las infraestructuras de Aragón.

Perdone mi incredulidad y ¡ánimo!, ya le faltan menos piedras.

 

A PROPOSITO DE ELEUTERIO BLASCO FERRER.

A PROPOSITO DE ELEUTERIO BLASCO FERRER.

          El peor mal que puede padecer un pueblo, se entienda éste como pequeña comunidad o como nación o sociedad, es la incultura. Se crea o no se crea, la incultura está en la raíz, en el origen de todos los males, y es la incultura, se quiera o no admitirlo, la causante directa o indirecta de los episodios más tristes de nuestra historia. ¿Qué fue, si no la incultura, la que estaba detrás del doloroso, trágico y lamentable episodio de nuestra guerra civil?. ¿Qué hay, si no incultura, detrás de toda guerra que desangra los pueblos y devasta sus patrimonios naturales, históricos y culturales?. No, no es el hombre, es la incultura del hombre. Este es simple instrumento, mero ejecutor. Ningún hombre culto, en el sentido estricto de la palabra, mata ni manda matar a nadie, porque cultura significa cultivo, cultivar, y cultivar significa dar vida, crear vida, no muerte ni destrucción.

          La incultura nos acerca a lo irracional y nos aleja de lo racional. La incultura empobrece espiritual y materialmente. La incultura, en definitiva, merma al hombre la posibilidad de disfrutar, entre otros tesoros, de la libertad. Un pueblo inculto no es libre o no sabe aprovechar su libertad.

          La incultura, aunque pueda parecerlo, no es una quimera, una irrealidad. Puede ser heredada o puede ser lo que me atrevo a llamar actitudinal. ¿Qué es? Según la Real Academia Española de la Lengua: "Falta de cultura": ¿Y qué es cultura? (Sigo citando a la Real Academia) Es el "conjunto de modos de vida y costumbres, conocimiento y grado de desarrollo artístico, científico, industrial en una época o grupo social".         

          Conocimiento y grado de desarrollo artístico. Lo resalto porque puede ser que nos olvidemos de esta parte de la "cultura" como parte integrante fundamental de nuestras señas de identidad, y en este sentido sería deseable que supiéramos todos valorar en su justa medida el patrimonio cultural de nuestro pueblo. Singular patrimonio cultural "nuestro", que se vio enriquecido notablemente no hace mucho con el legado de la obra de Eleuterio Blasco Ferrer.

          Independientemente de gustos o valoraciones personales o puramente crematísticas y materiales, Eleuterio Blasco Ferrer es una figura de primera línea en la historia de la escultura más reciente no sólo aragonesa si no española, y eso forma parte de nuestro "grado de desarrollo artístico", y el hecho de que este gran artista quisiera reposar para siempre en nuestra tierra como uno más de nuestros muertos, revaloriza su legado y entra de lleno en el conjunto de nuestros modos de vida y de nuestras costumbres.

          No admitir esto es negar lo evidente, pero lo más triste y peligroso es que posiblemente caeríamos en el "pecado" de la incultura y la incultura, en mi opinión es ............, bueno, creo que ya lo he dicho.

 

 

¡Dios nos libre...!

Dios nos libre de los payasos que no hacen gracia. Dios nos libre de los que utilizan sistemáticamente la ironía porque no tienen argumentos. Dios nos libre de los que, importándoles un comino la concordia, siembran y siembran la discordia para conseguir sus fines. Dios nos libre de los que ríen con cara de cemento y luego no dan la talla ni la cara. Dios nos libre de aquellos para quienes la desfachatez no es un disfraz sino su indumentaria habitual. Dios nos libre de él y de aquellos que como él quieren hacer de la política un chollo y de nuestro país su jardín privado. 

"El Emir".

"El Emir".

          En el año 2.004 se publicó la segunda obra de José María Andrés Sierra. Se trata de una novela corta titulada "El Emir".

          La obra está ambientada en un pais anónimo, exótico que muy bien podría ser cualquiera de los ricos paises o emiratos de los apises árabes.

          La forma de gobernar despótica de Abu Ayazar, un joven Emir, que dispone de sus tierras y sus gentes de manera arbitraria y caprichosa, sirve de fondo para que el autor  haga una acalorada y razonada condena dela Plan Hidrográfico Nacional y más concretamente del Tranvase del Ebro proyectado por el gobierno conservado del expresidente Aznar.

          Paralela unas veces e imbricada en otras aparece una segunda historia en la que una hermosa bailarina se cruza en la vida del Emir. Esta historia tiene una doble pretensión: por una parte resaltar al valor, la valentía del mal llamado "sexo débil" y por otra parte servir de homenaje a todas esas mujeres que sufren a diario el maltrato de los hombres.

"El Príncipe Infans y su aya Basilisa". Ed. Combra.

"El Príncipe Infans y su aya Basilisa".  Ed. Combra.

En el mes de Febrero del año 2002 se presentaba en la sala de cultura de la Biblioteca de la Diputación General de Aragón el primer libro de José María Andrés Sierra, "El Príncipe Infans y su Aya Basilisa", un cuento de algo más de cien páginas dedicado a su padre, fallecido en 1995, e inspirado en su primer hijo, nacido  en 1992 y Basilisa, Basi, la "tercera abuela" del niño.  

 

Se trata de un largo cuento, lleno de aventuras y de intriga, en el que un joven príncipe tiene que enfrentarse a la situación que le lleva su última travesura. El cuento es en su conjunto un canto a la naturleza, a las relaciones humanas, a la honradez, a la amistad y a todo aquello que auna y no divide a los seres humanos.

 

La portada  que precede a estas líneas pertenecen a la primera edición, ya agotada.  del cuento realizada por la Editorial Combra, ya desaparecida.

 

 

A PROPÓSITO DEL "TRÍO DE LAS AZORES"

A PROPÓSITO DEL "TRÍO DE LAS AZORES"

     Corría el mes de agosto del año 356 a.C., concretamente el día sexto del mes llamado entonces Hecatombeo. No iba a ser un día cualquiera. El día quinto del mismo mes, nadie podía imaginarse que el día siguiente iba a ser uno de los días más importantes de la antigüedad y uno de los más significativos de toda la historia de la Humanidad. Aquel día en Pella, la ciudad que albergaba el palacio real de la antigua Macedonia, la reina Olimpiade de Épiro daba a luz a un niño que muy pronto pasaría a la Historia (con mayúsculas) con el nombre de Alejandro Magno. Los augurios decían que su verdadero padre no era Filipo, sino el mismísimo Zeus que había dejado encinta a la reina bajo la apariencia de una serpiente.

     Y dice también la tradición que Zeus había querido dejar constancia de ello y, para demostrarlo, ese mismo día envió (o se le escapó) un rayo, su juguete favorito, acompañado de un monumental trueno que destruyó el templo de Artemisa en Éfeso, una de la siete maravillas de la antigüedad. En palabras de un historiador griego "lo más perfecto que había salido de las manos del hombre."

     Nunca sabremos si Alejandro Magno fue hijo de Zeus o de cualquier otro dios, pero el tiempo sí que se encargó de encontrar una explicación más sencilla y menos divina para el asunto del incendio del templo: un anodino personaje llamado Herotóstrato, envidioso, sin duda, de los personajes que por méritos propios iban pasando a la nómina de los elegidos por la Historia (con mayúsculas), consciente de que por sus méritos no iba a perdurar ni en la historia (con minúsculas) de su Éfeso natal, decidió hacer algo sobresaliente que lo inmortalizara, y para ello se le ocurrió la brillante idea de quemar el mencionado templo de la venerada Artemisa. Consiguió ambas cosas: la destrucción del templo y su inmortalidad.

     El día 16 de marzo del 2.003 será también un día que no se olvidará en los manuales de Historia. Ese día tres iluminados, tres líderes mundiales, tres elegidos por los dioses y la historia, se reunieron en una pequeña y alejada isla del océano Atlántico para diseñar un plan con el que destruir el eje del mal, salvar a la humanidad de todos los peligros, reales e imaginables e instituir un nuevo y justo orden mundial en el que no tengan cabida los dictadores.

     Héroes magnánimos, mártires de la incomprensión, conscientes de estar en posesión de la verdad pero rebosantes de indulgencia con los ignorantes (casi todos, excepto ellos) que no entendían sus buenos propósitos y sublimes ideales, los tres líderes iluminados urdieron un plan que se dispusieron a poner en marcha sin ninguna dilación.

     ¿Su plan? Sencillamente aniquilar un pueblo que ya las ha recibido en ambas mejillas.

     Al igual que en tiempos de Alejandro Magno no todos tragaron lo de la paternidad de Zeus y su demostración pirotécnica, tampoco ahora nos creemos, al menos algunos, lo de la alta misión de estos iluminados y también, como sucedió hace veinticuatro siglos, la historia desenmascarará esa patraña y sacará a la luz una explicación más prosaica y convincente: no se trataba de tres ungidos por Dios y por el destino, sino de tres cantamañanas sin escrúpulos que acudieron allí por razones distintas: uno para apoderarse del petróleo del pueblo a quien supuestamente pretendían defender y devolver algún que otro favor a quienes lo encumbraron; el segundo, primo hermano del primero, para ayudar a su pariente y para que no decayera esa vieja tradición imperialista tan arraigada en su pueblo. Y el tercero porque, como Herotóstrato, no encontraba mejor manera de pasar a la historia.

     Por cierto; de Herotóstrato puede leerse en alguna fuente, cómo no podía ser de otra manera, que no estaba muy cuerdo.

11-M

¡Cuánta ilusión perdida!

¡Cuánto dolor!

¡Cuántas esperanzas rotas!

¡Cuánto dolor!

¡Cuántos proyectos truncados!

¡Cuánto dolor!

¡Cuántos sueños esfumados!

¡Cuánto dolor!

¡Cuántos besos por dar!

¡Cuánto dolor!

¡Cuánto amor por recibir!

¡Cuántas madres sin sus hijos!

¡Ay! ¡Cuánto dolor!

¡Y cuántos hijos sin madre!

¡Cuánto dolor! ¡Cuánto dolor!

¡Cuánto vacío!

¡Cuánto hueco!

¡Cuánta ausencia!

 ¡Y cuánto dolor!

Y ... ¡Tanto dolor! ¿Por qué?